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Me acabo de dar cuenta de que la vida es como un videojuego.
Enciendes, te creas un personaje, una vida, un sitio donde estar.
Al principio lo único que haces es descubrir mundo, y dejar que la gente te guíe.
Después te quedas solo, y debes arreglártelas por ti mismo; buscar aliados.
Luchas contra cosas horribles y feas, tropiezas con obstáculos. Saltas, pasas de nivel, creces, te haces más fuerte, te vuelves pequeño otra vez, buscas caminos distintos, consigues nuevas armas... Y, al final, como en todo buen videojuego que se precie, todo acaba bien.
A no ser que...

GAME OVER

1 comentario:

Estacionaria dijo...

Es una buena comparación, sí, aunque lo importante no es cómo se acabe, sino cómo se ha llegado hasta allí, y las personas que más han sufrido encontrarán la recompensa al final del camino...
...O eso deberíamos pensar. Si no, qué mierda, ¿no?

Por cierto, soy Andreos, que me he abierto un nuevo blog, quizás te suene, te comento muchas de las entradas, jajaja. Un saludo, Sheila.